Tras una nevada importante, sobre todo en aquellos lugares donde no es habitual, se producen momentos de jolgorio. Los chavales salen a jugar y a hacer muñecos de nieve, los mayores se pasean y admiran el espectáculo. Pronto proliferan fotos en las redes sociales con caras sonrientes. Maravilloso. Una postal. La naturaleza espectacular.
Pero llega el hombre racional moderno, coge una muestra de nieve y la analiza. Pronto concluye: "Bobalicones. Es agua y nada más".
Millones de personas admiran la creación y se preguntan sobre ella. Somos criaturas vivas, como la vaca y el mono, pero solo nosotros, las personas, sentimos y lloramos; odiamos y amamos; conocemos nuestro inexorable final y desde el principio de los tiempos cuidamos nuestros muertos, los enterramos o quemamos a la espera de algún tipo de resurgir. Y seguimos preguntándonos por qué estamos aquí. Qué sentido tiene esta vida, el dolor, la muerte; por qué amar hasta el sacrificio, abandonando cualquier instinto egoísta de supervivencia; por qué la esperanza en algo más, que no vemos pero nos esforzamos en creer.
Millones de personas, como digo; la mayoría de los que poblamos el planeta. Así es y así ha sido durante milenios. Independientemente de la cultura, procedencia o latitud del lugar.
Pero llega el hombre racional moderno y exclama: "Bobalicones. No os dais cuenta de que todo es materia y nada más. La ciencia explica todos estos procesos biológicos. No hay misterios para el científico, tan solo procesos por acabar de analizar".
Yo sigo mirando el paisaje nevado y a los niños jugando. Y veo algo más que agua congelada. Y veo al hombre racional moderno. Y me acuerdo de aquel famoso proverbio sobre el necio que, cuando el sabio apunta con su dedo hacia una estrella, se queda ensimismado mirando el dedo.
Crede ut intelligas
Blog para los que piensan, como San Agustín, que hay que entender para creer y creer para entender.
domingo 12 de febrero de 2012
miércoles 28 de diciembre de 2011
Matines a Sant Felip Neri de Porreres
Mis más sinceras felicitaciones al Oratorio de San Felipe Neri de Porreres por este maravilloso momento de fiesta, liturgia, belleza y fe. Ante estas imágenes, cualquier palabra sobra ya ...
martes 27 de diciembre de 2011
María: esclava en la libertad
En filosofía política se habla de la "paradoja de la libertad" para referirnos a una situación extrema en la que un individuo puede llegar a decidir, libremente, convertirse en un esclavo. Podemos encontrar infinitud de páginas acerca de esta paradoja y la forma de solucionarla. La discusión denota, en el fondo, la constante fragilidad de todo lo humano. La libertad, ese preciado tesoro que tanto cuesta alcanzar, rápidamente puede ser malogrado por una decisión irresponsable, irracional.
Contrasta, sin embargo, con una decisión liberadora y radical, la de María: "he aquí la esclava del Señor". ¿Cómo es posible hallar tal liberación en la esclavitud? Lo es solo en la medida en que la decisión nos acerca a algo mucho más valioso que la propia libertad. Esto es así pues la disponibilidad de nuestra voluntad a favor de Dios Padre, por sí sola, colma cualquier otra pretensión. Supera sin duda la esclavitud más dulce, la del enamorado hacia su amada. Hágase Su voluntad por encima de la nuestra. Desplácese cualquier deseo nuestro y aspiremos tan solo a Sus designios, que sin saberlo, siempre han sido los nuestros.
Paradójicamente, jamás ha habido una decisión más libre que la de María, pues solo desde la libertad es posible amar infinitamente al Padre que nos ama. Ese amor por encima de todas las cosas, de hecho, rompe los lazos que nos atan a lo mundano. Pues la esclavitud a la que nos someten la cosas nada tiene que ver con el amor del Padre, sino todo lo contrario. Años después de las palabras de María. nos lo recordó su Hijo: no puede servirse a dos amos a la vez. No podemos ser miserables esclavos del mundo y pretender seguir la voluntad del Padre. María, una mujer de su tiempo pero de corazón admirablemente puro, lo entendió y aceptó.
Siglos han transcurrido desde esa firmeza y muchos hombres y mujeres desde entonces han seguido el modelo de María. Desgraciadamente, son más aquellos que siguen esclavos del mundo luchando por una libertad vacía: aquella que les sitúa a ellos mismos en el centro y que no pretende otra cosa que lograr la frágil imposición de su voluntad. Naturalmente, para estos la frustración y el desengaño están garantizados, pues quien ya es esclavo del mundo nada logrará salvo la mera ilusión de una libertad sin sentido.
Contrasta, sin embargo, con una decisión liberadora y radical, la de María: "he aquí la esclava del Señor". ¿Cómo es posible hallar tal liberación en la esclavitud? Lo es solo en la medida en que la decisión nos acerca a algo mucho más valioso que la propia libertad. Esto es así pues la disponibilidad de nuestra voluntad a favor de Dios Padre, por sí sola, colma cualquier otra pretensión. Supera sin duda la esclavitud más dulce, la del enamorado hacia su amada. Hágase Su voluntad por encima de la nuestra. Desplácese cualquier deseo nuestro y aspiremos tan solo a Sus designios, que sin saberlo, siempre han sido los nuestros.
Paradójicamente, jamás ha habido una decisión más libre que la de María, pues solo desde la libertad es posible amar infinitamente al Padre que nos ama. Ese amor por encima de todas las cosas, de hecho, rompe los lazos que nos atan a lo mundano. Pues la esclavitud a la que nos someten la cosas nada tiene que ver con el amor del Padre, sino todo lo contrario. Años después de las palabras de María. nos lo recordó su Hijo: no puede servirse a dos amos a la vez. No podemos ser miserables esclavos del mundo y pretender seguir la voluntad del Padre. María, una mujer de su tiempo pero de corazón admirablemente puro, lo entendió y aceptó.
Siglos han transcurrido desde esa firmeza y muchos hombres y mujeres desde entonces han seguido el modelo de María. Desgraciadamente, son más aquellos que siguen esclavos del mundo luchando por una libertad vacía: aquella que les sitúa a ellos mismos en el centro y que no pretende otra cosa que lograr la frágil imposición de su voluntad. Naturalmente, para estos la frustración y el desengaño están garantizados, pues quien ya es esclavo del mundo nada logrará salvo la mera ilusión de una libertad sin sentido.
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